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(Artículo aparecido en la revista Integral)

 

"El masaje hawaiano o Lomilomi está considerado como una de las formas de masaje más profundas y holísticas que existen." 

 

Poco conocido en Occidente, es mucho más que una técnica de masaje exótico que se puede encontrar en algunos Spas de lujo. Es un masaje curativo único practicado por los antiguos polinesios y, más concretamente, por los maestros sanadores de Hawái o Kahunas y que fue prohibido durante décadas, junto con otras prácticas tradicionales, después de la llegada a las islas de los misioneros europeos.

 

La palabra lomi significa masaje o masajear en lengua hawaiana. Existen muchos tipos de lomi ya que en cada isla se practicaba una variante y cada familia o linaje tenía su propio estilo, pero todos tienen lo mismo en común, esto es, el Espíritu del Aloha que fluye por donante y receptor. El Estilo del Templo o Lomilomi Nui se cree que es el más antiguo y el origen de los otros.

 

La Historia

 

Para comprender la esencia del Lomilomi tenemos que indagar en la historia de Hawái y sus tradiciones.  La llegada del Capitán Cook en 1778 marca el ocaso de esta civilización. Casi el 80% de la población nativa murió a causa de las enfermedades infecciosas que les transmitieron los europeos y para las cuales su sistema inmunitario no estaba preparado. Con la llegada e influencia de los misioneros cristianos y luego la anexión por los Estados Unidos, el ancestral sistema de prácticas que incluía Lua (Artes Marciales Hawaianas), Pule (rezos), Hula (danza tradicional), La’au Lapa’au (herbalismo), y Lomilomi (masaje) fueron declarados ilegales en 1827, aunque se siguieron practicando en la clandestinidad. Los Kahunas, ahora sanadores clandestinos, pasaron a llamarse “uncle” (tío), “aunty” (tía), “dad” (padre), “daddy” (papá) para despistar a las autoridades americanas. En 1978, con la aprobación de la ley para la libertad de las religiones de los indios americanos, todas estas prácticas volvieron a ser legales y un año después el Lomilomi se empieza a enseñar oficialmente, tanto a nativos como a extranjeros.  Aunty (tía) Margaret Machado fue la promotora de esta iniciativa, no sin el rechazo de su comunidad. El estilo de su linaje (“Loving Touch of Big Island Massage”) es más moderno e incorpora otras influencias de masaje como el masaje sueco o terapéutico. A su vez, Abraham Kawai’i enseñó el estilo antiguo basándose en su práctica del Lua y las enseñanzas del Hula y es lo que conocemos por Lomilomi nui o Estilo del Templo.

 

En Hawái, los niños eran considerados un regalo para las familias (Ohana) y se les enseñaba  a conservar su propia salud, ser autosuficientes y conocer las plantas medicinales. Se cree que al llegar a la pubertad, se les recluía durante unos días en un templo con varios Kahuna para prepararlos para la vida adulta. Después de varias sesiones de Lomilomi tenían una visión de lo que querían hacer con sus vidas, a qué se dedicarían y como podrían ayudar a su Ohana.

 

Los primeros europeos que llegaron a las islas observaron que el uso del masaje era una práctica corriente dentro de las familias: los abuelos masajeaban a los hijos y nietos, los hijos a los padres y abuelos, etc. Hoy día se sabe que el masaje, al igual que las caricias, aumenta los niveles de oxitocina, la “hormona del amor” que promueve los lazos afectivos, y no solo ocurre entre las personas que se tocan, sino también entre las que miran. Observar  un acto de afecto aumenta nuestro nivel de oxitocina gracias a las neuronas espejo que se activan en situaciones de empatía o imitación. Posiblemente la razón de que los hawaianos fueran tan afectuosos era mantener la paz y la supervivencia en esas pequeñas islas tan alejadas del resto del mundo.

 

En las escuelas de Lua (arte marcial hawaiano) también se enseñaba esta técnica de masaje a los alumnos para que repararan el daño que le hubieran producido al contrincante.

 

En las playas era frecuente ver a jóvenes tendidos en sus tablas de surf recibiendo un masaje.

 

Solo en los casos de enfermedades graves en las que el individuo o las familias no hubieran podido solventarlas por sí mismos, se llamaba al sanador. Los Kahuna  abordaban la enfermedad de una forma holística. Tenían muy en cuenta la conexión entre el cuerpo y la mente y consideraban que las relaciones interpersonales y familiares podían influir en la salud de la persona. Si la enfermedad era producida por accidentes, envenenamiento, etc., se utilizaban plantas, purgas, dieta, baños de mar, fangos, etc. Si el enfermo había ofendido a los dioses, entonces la culpa lo había enfermado y se rezaba para ponerse en paz con los dioses y con uno mismo. Cuando la enfermedad estaba relacionada con una disputa familiar, se reunía a toda la Ohana y, después de averiguar qué había ocurrido, todos debían pedirse perdón. En esta especie de terapia familiar aplicaban el Ho’oponopono o método de resolución de los conflictos mediante el perdón.

 

Debido a que los hawaianos no tenían lenguaje escrito, toda la información importante acerca de todos los aspectos de la realidad eran pasados de generación en generación oralmente y a través de cánticos. Así se transmitían los conocimientos médicos, la historia de la tribu, la memoria de los antepasados, la información sobre la navegación, cómo construir canoas y todo lo relacionado con el nacimiento. La persona a la que se le enseñaba toda la información sobre las tradiciones de la familia era el primer hijo o hija. Este niño o niña no era criado por los padres sino por los abuelos.

 

El niño escogido para ser Kahuna pasaba muchos años observando los hábitos y rituales de su maestro hasta que se le permitía utilizar el conocimiento absorbido. El lomilomi se aprendía a través de la observación y luego la práctica. No se trataba solo de una técnica física, sino de la aplicación de un estado mental, del principio fundamental del Aloha y de los otros principios de la filosofía hawaiana para restablecer la armonía del cuerpo y la mente.

 

Estos principios son siete:

 

1. IKE: El mundo es lo que uno piensa que es.

2. KALA: No existen límites. Todo es posible.

3. MAKIA: La energía fluye donde va la atención.

4. MANAWA: Ahora es el momento de poder.

5. ALOHA: Amar es estar feliz con algo. 

6. MANA: Todo el poder viene de nuestro interior.

7. PONO: Lo efectivo es la medida de lo verdadero.

 

En la lengua hawaiana actual, aloha puede significar hola o adiós. También significa amor y afecto. Pero el  significado más profundo es "la presencia del aliento divino" o "el aliento de la vida." Viene de "Alo", es decir la presencia, frente y cara, y "ha", que significa aliento. Aloha es una forma de vivir y de tratar a los demás con amor y respeto. Su profundo significado comienza por enseñarnos que debemos amarnos a nosotros mismos primero para poder amar a los demás.

 

De acuerdo con los antiguos Kahunas, ser capaz de vivir el Espíritu de Aloha era una manera de llegar a la auto-perfección y realización de nuestro propio cuerpo y alma. Aloha es enviar y recibir energía positiva. Aloha es vivir en armonía. Cuando se vive el Espíritu de Aloha, se crean sentimientos y pensamientos positivos que nunca desaparecen. Existen en el espacio, se multiplican y se extienden a otros.

 

Durante el masaje, esta energía positiva se transmite a través de las manos del donante al receptor, que a su vez envía su energía al donante convirtiéndose en una sola. El masaje de debe realizar con manos amorosas y compasivas, con un toque consciente, entendiendo que la persona que va a recibir el masaje es el centro del universo en ese momento presente. La mente del donante debe centrarse solamente en el ahora.

 

También se trabaja el abdomen con especial atención pues los hawaianos creían que el yo inconsciente (Unihipili) que recoge las informaciones de los sentidos del cuerpo físico se halla en la cavidad abdominal. Es el “cuenco de luz” y si llenamos este cuenco de piedras (preocupaciones, pensamientos negativos, etc.) nos hará enfermar. Para vaciarlo se estimulan las vísceras con un masaje al compás de la respiración. Esto tiene sentido ya que en nuestro tracto digestivo tenemos tantas neuronas como las que hay en el cerebro de un gato, es “el segundo cerebro”, y puede verse comprometido por las emociones. Nos proporciona ese instinto visceral: las mariposas en el estómago que sentimos cuando nos enamoramos, el estómago revuelto antes de un examen, las úlceras del ejecutivo estresado… El “segundo cerebro” también produce neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina, que nos ayudan a mantenernos relajados y felices.

 

La Técnica

 

A diferencia de otros masajes, en el Lomilomi Nui o estilo del templo no se utilizan los términos masajista y cliente (o paciente) porque esta forma de trabajo corporal es tan espiritual como física.

El cliente es el receptor o nuestro “invitado”, un ser al que se le devolverá la armonía y el equilibrio. El terapeuta es el donante y no cura sino que facilita la autocuración, es sólo el “navegante” que con sus movimientos e intención provocarán la reacción del propio cuerpo y el flujo de las energías estancadas.

 

Un Lomilomi generalmente comienza con un momento de quietud, a menudo con las manos del donante descansando suavemente sobre la espalda del receptor mientras recita alguna oración de agradecimiento a los antepasados por habernos transmitido su sabiduría y pidiendo por cualquier sanación que sea necesaria.

No hay un formato establecido ya que cada masaje está dictado por la intuición y el flujo de la energía individual, por tanto no habrá dos masajes iguales ni el masaje volverá a ser idéntico con el mismo receptor. Pero el objetivo es siempre el mismo: rejuvenecer mente, cuerpo y espíritu mediante la eliminación de los bloqueos de energía y la apertura de vías de energía dentro del cuerpo.

 

El masaje se realiza con movimientos rítmicos y fluidos utilizando la palma de las manos, nudillos, dedos y sobre todo la cara interna de los antebrazos.  El donante se mueve alrededor de la camilla al ritmo de la música hawaiana con movimientos que asemejan a los de la danza Hula. Algunas personas comparan la sensación de los movimientos de los brazos a los de las olas del mar. 

 

Quizá la  diferencia más importante es que la persona se tiende directamente sobre el vinilo de la camilla y no en una toalla y, en lugar de ser cubierta por completo por las toallas, está cubierta solo por una pequeña tela o toalla tapando la zona genital y dejando la mayor parte del cuerpo expuesta. Esto hace que sea mucho más fácil llevar a cabo los movimientos únicos del Lomilomi Nui debajo del cuerpo y realizar pases por todo el cuerpo sin interrumpir el flujo del masaje.

 

Otra característica es que diferentes partes del cuerpo se pueden masajear al mismo tiempo. Esto ayuda al receptor a alcanzar una profunda relajación, ya que es imposible, o al menos muy difícil, para el cerebro centrarse en las dos áreas diferentes a la vez. También se incorporan estiramientos y rotaciones suaves de las articulaciones para ayudar a la liberación de tensiones.

 

Los beneficios del Lomilomi son similares a los del masaje clásico: mejora la circulación sanguínea y linfática, relaja los músculos, libera las fascias y mejora el rango de movimiento de las articulaciones. Reduce los niveles de cortisol y adrenalina y aumenta las endorfinas.

 

En definitiva, el Lomilomi es un regalo para el cuerpo y el alma.

 

 

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